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HERNIA DISCAL Imprimir E-Mail
Un disco no se “resbala.”


El disco es un cartílago pequeño situado entre las vértebras. Su centro gelatinoso está rodeado por capas más fibrosas. Cada disco sirve como un conector, espaciador y para absorber golpes en la columna (amortiguador). Cuando están sanos permiten movimientos y flexiones normales.


Los discos intervertebrales tienen una mala circulación sanguínea. Por eso dependen de la circulación de fluidos articulares para absorber su alimento y desechar sus residuos. Si una articulación vertebral pierde su movilidad normal, esta acción es impedida y la salud del disco se deteriora. Como una esponja húmeda, un disco saludable es flexible. Una esponja seca es dura y rígida y se puede quebrar fácilmente. Es así como muchos de los problemas discales comienzan.


Debido a la forma en que un disco está sujeto a las vértebras superior e inferior, el disco no se puede “resbalar” como se piensa comúnmente. Aun así, golpes en la columna pueden causar que los discos se abulten, hernien o peor aún, se rompan. Esto puede ser muy doloroso, presionando la medula espinal y raíces nerviosas dorsales, interfiriendo con su funcionamiento.


RUPTURA: La lesión discal más común es una pequeña ruptura en el cartílago más duro del disco, llamado anillo fibroso. Esto permite que haya una fuga de fluidos, y el disco comienza a adelgazar.


ABULTAMIENTO: El material gelatinoso en el centro del disco empuja hacia un lado, adelante o atrás, y se produce inflamación. El núcleo aún está contenido dentro de las fibras externas del disco, pero aún así puede causar presión y dolor.


HERNIA DE DISCO: El material gelatinoso del núcleo provoca ruptura de los anillos fibrosos y llega hasta el borde externo del disco o hasta más allá de los límites del disco. Si el material no presiona ninguna estructura nerviosa, no se siente dolor.


PROLAPSO DISCAL: Un fragmento del disco se desprende y queda como fragmento flotante.


DISCO DISECADO: El disco pierde su líquido y degenera hasta convertirse en un disco seco y delgado. Esto provoca un rozamiento entre vértebras y se produce artrosis. Al final puede producirse la fusión de las vértebras.

Estudios de imágenes pueden revelar cambios degenerativos a nivel del disco y tejidos circundantes.


La hernia discal puede ser debida a traumatismos (caídas, lesiones, accidentes...) o cambios degenerativos de la columna vertebral, entre otros.

En la columna cervical, los niveles afectados suelen ser las últimas 3 cervicales (C5-C6-C7). Algunos de los síntomas producidos son: dolor, flacidez muscular, reducción de reflejos en brazos y/o hombros...dependiendo del nivel de la lesión.

En la columna lumbar, los niveles afectados suelen ser L4-L5-S1 (últimas dos lumbares y sacro). Algunos de los síntomas producidos son: dolor, flacidez muscular, reducción de reflejos en piernas y/o pies, dependiendo del nivel de la lesión.


Como se mencionaba antes, se puede tener una hernia discal pero no tener ningún dolor. Antiguamente se creía que la hernia discal siempre le causaba dolor a los que la padecían, y que esta suponía un riesgo para el paciente o que podían quedar inválidos si no se operaban. Afortunadamente la evidencia científica disponible hoy en día demuestra que esto no es así. Al empezar a hacer estudios en personas sin dolor y no sólo en las que tenían dolor resulta que entre el 30% y el 50% de las personas sin dolor también tienen hernias discales que no les causan ningún problema (1, 2, 3, 4, 5).

De todas maneras, la mayoría (>80%) de los pacientes con dolor por hernia discal responden al tratamiento conservador (6, 7, 8, 9) y la cirugía es sólo último recurso dado sus riesgos y de limitado éxito en solucionar el problema.

La decisión de pasar por el quirófano debería ser tomada después de considerar distintos tipos de tratamientos evaluando los beneficios y contraindicaciones asociados al procedimiento.

El paciente debe de estar informado que después de una cirugía de columna los síntomas pueden reaparecer y que es posible un daño permanente.


La quiropráctica siempre te aconseja: primero prueba aquello que es menos agresivo para el cuerpo y si esto no te funciona entonces ya podrás aventurarte a tratamientos más agresivos. Un ajuste quiropráctico no es nada agresivo y empiezas a ver bastante pronto si tu cuerpo puede o no solucionar el problema por sí solo.


El manejo quiropráctico de los problemas de disco ayuda a restablecer el movimiento normal y la posición de las articulaciones vertebrales. Además de reducir el abultamiento, la mejor función espinal ayuda a disminuir la inflamación, así que el lento proceso de curación en los tejidos circundantes puede iniciarse.


Aunque los resultados no se pueden garantizar, muchos pacientes han evitado cirugías innecesarias o dependencia de analgésicos al optar por una atención quiropráctica conservativa.

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La atención quiropráctica conservativa es más segura y hasta más efectiva que la cirugía de columna.

Numerosas fuentes de estadísticas científicas revelan que la mayoría de los casos de hernias discales se pueden tratar eficazmente por medio de la Quiropráctica.


Otro aspecto que hay que considerar es lo que llama la medicina: “El síndrome de la cirugía ineficaz de la espalda”. La historia médica revela que:


Existen entre 25.000 – 50.000 fracasos de cirugía espinal cada año”. (Heithoff et al , orthopedic clinics of North America ; 417 – 44; July 1983).


El índice de reoperación es de 6.9% después de la primera intervención, 10.2 % a los cuatro años siendo el índice de re-hospitalización 22.4 %”. (Dayo et Al , Spine : 1463-70 September 1993)


En referencia a The American Academy of Orthopedic Surgeons, “200.000 laminactomías son efectuadas cada año y un 20% -30% de estas son insatisfactorias”.

Ya en un estudio de 1983 de las Clínicas Ortopédicas de Norte América estimaron que 25,000 a 50,000 de estas cirugías al año no tienen éxito. Los cirujanos ortopédicos estiman que estos componen el 20-30% de los casos operados en EE.UU., aún siendo de los países con los mejores especialistas y medios sanitarios. En un estudio reciente publicado en la revista científica Neurología Quirúrgica (Surgical Neurology) se mostraba el alto grado de discapacidad permanente por cirugía mediante fusiones espinales. Se estudiaron 1000 pacientes en baja laboral a los que se les practicó la técnica quirúrgica de fusión espinal. Los resultados mostraron que a los cuatro años, el 71% aún no habían vuelto al trabajo, y entre los que se les intervino quirúrgicamente varias veces, el 95% de ellos aún no había vuelto al trabajo a los 4 años.

En los casos en los que el dolor sólo es en la zona lumbar y no se irradia hacia la pierna, la cirugía se desaconseja y está explícitamente desaconsejada en las guías sanitarias de los EE.UU., Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Dinamarca.

De todas maneras, hay casos en los que es necesaria y recomendable la cirugía, aunque sólo en un 5% aproximadamente de las hernias que producen síntomas. El éxito de la cirugía depende en gran medida en:

-seleccionar cuidadosamente los casos en los que la cirugía es adecuada (por ejemplo, si es un síndrome de dolor referido el causante del dolor y la hernia presente no es la responsable entonces la cirugía no tendrá éxito),

-seleccionar correctamente el nivel discal a operar (por ejemplo, si no se correlaciona los síntomas con el nivel de la hernia y sólo nos guiamos por la resonancia se podría operar el nivel equivocado ya que hay hernias que no producen síntomas) y

-seleccionar bien la técnica quirúrgica a emplear para cada caso (no la favorita del cirujano o la que deje menos cicatriz). Una mala selección en estos tres factores es el principal responsable de las cirugías fallidas.